El amor que nunca dejó de buscarnos
- 20 jul
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Durante todo el libro de Oseas hemos visto a un pueblo que se aleja una y otra vez de Dios. Lo sorprendente no es únicamente la rebeldía de Israel; lo verdaderamente sorprendente es la paciencia de Dios.
Mientras el pueblo corría tras los ídolos, Dios seguía llamándolo. Mientras Israel olvidaba todo lo que Dios había hecho por él, Dios seguía recordándoles cuánto lo había amado.
Hay un versículo que me conmueve profundamente:
"Yo enseñé a andar a Efraín; Yo lo llevé en Mis brazos." (Oseas 11:3)
¡Qué imagen tan tierna y hermosa! Es la imagen de un padre enseñando a caminar a su hijo pequeño. Un padre que sostiene, levanta y anima cuando el niño cae. Esto me puso a pensar: ¿Cuántas veces Dios ha hecho exactamente eso conmigo?¿Cuántas veces me ha sostenido cuando yo ni siquiera era consciente de ello?
Muchas veces recordamos más nuestras caídas que las veces que Dios nos levantó. Pero Él nunca dejó de sostenernos.
Dios es justo... pero también compasivo
El juicio llegó porque Dios es santo, no podía ignorar el pecado. Pero tampoco podía negar Su carácter misericordioso. Eso hace que Oseas sea un libro tan hermoso. No presenta a un Dios cambiante. Presenta a un Dios perfectamente justo y perfectamente amoroso. Y esas dos características se encuentran perfectamente en Jesús.
En la cruz, Dios no ignoró nuestro pecado, lo juzgó. Pero el juicio cayó sobre Cristo y no sobre quienes creen en Él. Por eso hoy podemos acercarnos confiadas.
"De Egipto llamé a mi Hijo"
Cuando Oseas escribió estas palabras hablaba de Israel. Pero siglos después Mateo nos dice que también hablaban de Jesús. Cristo recorrió el camino que Israel nunca pudo recorrer perfectamente. Donde Israel fue infiel... Jesús fue completamente obediente. Donde Israel fracasó... Jesús venció. Por eso nuestra esperanza nunca estuvo en parecernos a Israel. Nuestra esperanza siempre estuvo en parecernos cada día más a Cristo.
El libro termina con una pregunta
"¿Quién es sabio para que entienda estas cosas?" (Oseas 14:9)
La verdadera sabiduría no consiste solamente en conocer más de la Biblia, consiste en caminar conforme a ella. Después de leer Oseas la pregunta no es: "¿Qué aprendí?" La pregunta es:"¿Qué voy a obedecer?"




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