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La estrella de la historia

  • 21 abr
  • 4 min de lectura

21 de abril 2026 -Emmanuel Mendoza


Hollywood ha sido por mucho tiempo la cúspide de cualquier aspirante a actor o actriz exitoso. El premio supremo dentro del cine es el famoso “Premio óscar”; ganar un Oscar es lo máximo a dónde puede llegar una persona dentro de esta rama del séptimo arte.

En Los Ángeles, California, existe un famoso bulevar donde cada artista renombrado tiene su estrella con su nombre para tratar de inmortalizar su carrera como actor, músico, escritor, etc. Así, cada turista local o internacional que visite su estrella estará de algún modo reconociendo o admirando la trayectoria del artista.


Todos quieren ser la estrella de la historia por lo menos una vez en su vida; la aspiración común de cualquier persona que se dedique al arte es tener su estrella en el famoso Paseo de la Fama. Todos buscan ser la estrella; sin embargo, al llegar a este bulevar nos encontraremos con la obvia sorpresa de que no hay solo una, sino miles de estrellas: 2,840 para ser precisos.


El concepto de ser una estrella significó, con el pasar de los años, ser alguien exitoso, famoso y de admiración pública. Pero nadie en la historia de la humanidad obtuvo ni obtendrá el premio de ser la mayor estrella artística de todo el mundo. Nadie obtendrá el título de ser la mayor estrella de todas. Nadie podrá ser mundialmente la estrella de la historia, excepto uno.


Hace 1,950 años aproximadamente, antes de que existiera el mundo de la farándula, se registró una estrella que hasta el día de hoy es la más famosa de todas: la estrella de Belén. El autor que plasmó esta historia se llamaba Mateo, también conocido como Leví, un judío recaudador de impuestos que vivía en Capernaum, hoy en día en el norte de Israel.

Él, al ser judío, esperaba tanto la llegada de alguien que sería el Mesías, el Rey de todos los judíos, quien los rescataría de todo mal. En el capítulo 2 de su libro menciona una historia muy famosa: “La visita de los magos”.


El libro de Mateo es el único que plasma esta historia, mejor conocida como “Los Reyes Magos”. Y teniendo en mente un poco de la historia del autor, veamos cuál fue uno de los motivos que lo llevó a escribir esta historia en su evangelio.

Mateo escribió su libro dirigido totalmente a judíos. Él, después de conocer a Jesús, de testificar su deidad y corroborar que Él era indudablemente el Mesías esperado, escribió su libro siempre teniendo en mente comprobar con bases judaicas que Jesús es el Mesías y Rey del mundo.


Comenzando en el capítulo 1, con toda la genealogía de Jesús, no dejaba lugar a duda a los judíos que Él era la simiente prometida por la cual iba a llegar la salvación a todas las naciones de la tierra.Después de mostrar su genealogía entran nuestros famosos Reyes Magos. Son mencionados originalmente como “sabios del oriente”; la palabra “mago” en esta historia es una traducción al equivalente de la palabra “astrólogo”. Es probable que estos sabios vinieran de Persia, Babilonia o del desierto arábico.


Estos hombres llegaron hasta Jerusalén gracias a su interpretación de las estrellas. Era común que los sabios, judíos o no judíos, supieran mucho acerca de las estrellas, incluso nombres de constelaciones (Job 38:31, Amós 5:26, Hch 7:43). A lo largo de la historia existieron distintas estrellas, las cuales algunas representaban a dioses paganos.

Mateo no menciona la cantidad de sabios que visitaron a Jesús; la cantidad de 3 se deduce por los regalos que le llevaron (oro, mirra e incienso). Tampoco menciona sus nombres ni ningún otro dato que describa a estos astrólogos. Fue en el año 225 d.C., aproximadamente, cuando Tertuliano comenzó a llamarlos “reyes”. Poco después, en el año 600 d.C., el Evangelio de la Infancia Armenia les asignó sus nombres: Melkon (Melchor), Baltasar y Gaspar.


Trataré de resumir la asombrosa historia:Unos hombres sumamente inteligentes y ricos, con influencia en su imperio o gobierno, llegan a la conclusión, a través de su conocimiento astrológico, de que el Rey de los judíos ya había nacido. Nótese que ellos no eran judíos y, aun así, creían en ese bebé como su Rey, implicando que el Rey del mundo había nacido.Al llegar a Belén y ver la estrella que los guio todo su camino justo sobre Jesús, se maravillaron y se alegraron de que su Rey yacía ahí con ellos.


La visita de los magos confirma el reconocimiento internacional por parte de líderes de otras religiones de que Jesús era el Rey esperado. Siendo astrólogos, su mayor pasión eran las estrellas; sin embargo, supieron todo el tiempo que la estrella de Belén solo era una herramienta que ellos usaron para visitar y adorar a la mayor estrella de la historia: Jesús, la estrella resplandeciente que nació para darnos vida (Ap 22:16).


Nunca tendrá su estrella en el Paseo de la Fama, nunca tendrá un Oscar, pero indudablemente siempre será la estrella de la historia: el único hombre que partió la historia a la mitad, el único hombre que resucitó para rescatarnos de la condenación y reconciliarnos con Dios.


La estrella de la historia siempre fue y será Jesús

“Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:2-4).

Citas: Diccionario Bíblico ilustrado Holman. C. Dale Hill, Harry Hunt.

 
 
 

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